Si habría de contar este secreto no tendría a quien. Por ello estas palabras en el pecho son solo mías y carecen de misterio. Así hoy suspiré un te extraño y resonó en el eco. Añadiré la verdad, llevaba días enteros muriendo de tedio. Para mí sorpresa el olvido del nombre y el camino me trajeron a este charco de dónde nunca me había ido. Tomé el sol y nos noté distinto. Hoy, cuando ya se hizo de noche y al igual que esta tarde y este día, y estos meses y estos años, he tenido de nuevo la ilusión de volver a verte, pero, cómo con este charco, ya no tengo idea de cómo eres, ni como es tu nombre, ni cómo es que llego. Sospecho que seguirás con el tiempo, fluyendo de nuevo con la misma certeza, antigua ya, de que si aun existes solo habitarás en el instante en que mi mirada se hizo plena, una con el agua cristalina, una con el cielo y su reflejo.
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Escolios
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La primera vez que lo vi llegar parecía desesperanzado. Sus ojos no lograban enfocar. No sonrió. Saludó impasible a la mujer que iba a reemplazar con un ligero apretón de manos mientras la otra le decía: en el cajón te dejo las llaves de la sala y del escaparate de libros. Cogió las llaves y ojeó los estantes por un momento hasta que la mujer agarró sus cosas y se fue. Hizo un leve gesto de despedida y tomó un folleto de unas 51 páginas. Acarició su portada, pegó un leve soplido entre las hojas. Se sentó en la silla todavía tibia de la nalga de la mujer. Sacó de su valija un cuaderno corrompido de hojas amarillas. Mientras esperaba que sonara la chicharra, bebió café. Cogió su pluma. Clavó la mirada. Comenzó a escribir. Siguió esta secuencia durante 14 días, hasta que no lo volví a ver jamás. Unos murmuraban que cayó gravemente enfermo, otros que era un reemplazo temporal, los más flemáticos que había desaparecido. El director me asignó su puesto. En el anaquel, el cuaderno. ...
Un recuerdo que sentí en las venas
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Si he de juzgar por la forma como se me contó la historia, todo pasó muy rápido. Se liberaba de la explotación y el trabajo arduo en los escarpados farallones solo si huía de las balas. Fue en la década de 1940. Al llegar a su destino, ya sabía vivir. Murió en Medellín. Es lo único que se. ¿Cómo podría conocer su historia particular si de ella solo tengo el color de la piel, de la sangre y de los ojos? Fui a su pueblo a buscar miradas, que mi madre me había dicho que eran como la mía, y deambulé las calles observando y sintiendo que ella tampoco era de este pueblo, ni de esta nación y mucho menos de esta historia. Pues su pueblo, su historia y su nación hacen parte de un pasado más complejo. Una diáspora oculta si se le quiere poner un nombre. Una historia que no se narra con palabras, sino con los infinitos tonos del color marrón. Mezclas encarnadas del elemento primario. Si miro bien, en mi está esa mezcla, ese color y ese destino. Opera cómo ideal el...
Los amos de la sal
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I Y me dijo que ser feliz es: Dar fruto Ser semilla Ser una hoja al viento Encontrar fecundo el tiempo Florecer Parece que para ella La felicidad Es la calma sabia de una planta — ♦ — Necio aquel que se siente libre Cuando quien quebrantó las cadenas Fue el amo Libre es el esclavo que lucha Aunque pierda la conquista Pues la libertad ni tiene fin Ni es profecía *┐▄┌* Demasiadas enemigas para este puñado de pelos y de huesos Ni del revolcón me dejaré arrastrar Ni mi destino está signado Porque yo nací salvaje No tengo señor Porque ni duelo ni suplico por castigo No conozco la mentira Y se huir del bozal y la correa IV Me repugna la ansiedad por el dominio de la tierra Tanto como a quienes se escudan en los niños Por más que miro No hay encima, no hay debajo, no hay al lado Solo afuera Si en realidad eres tan justo ¿por qué este juicio? No te otorgues el derecho de brindarme la alegría o la tri...