Si habría de contar este secreto no tendría a quien. Por ello estas palabras en el pecho son solo mías y carecen de misterio. Así hoy suspiré un te extraño y resonó en el eco. Añadiré la verdad, llevaba días enteros muriendo de tedio. Para mí sorpresa el olvido del nombre y el camino me trajeron a este charco de dónde nunca me había ido. Tomé el sol y nos noté distinto. Hoy, cuando ya se hizo de noche y al igual que esta tarde y este día, y estos meses y estos años, he tenido de nuevo la ilusión de volver a verte, pero, cómo con este charco, ya no tengo idea de cómo eres, ni como es tu nombre, ni cómo es que llego. Sospecho que seguirás con el tiempo, fluyendo de nuevo con la misma certeza, antigua ya, de que si aun existes solo habitarás en el instante en que mi mirada se hizo plena, una con el agua cristalina, una con el cielo y su reflejo.
El agua que alivia el cuerpo. Ese nombre difícil de pronunciar: A-R-I-A-R-I, lleva la mágia entre sus colores, los caminos que recorre y los seres que toca. No sé de las palabras pronunciadas en la noche, espero hayan sido el hechizo que rompa con el abandono después del querer. Para así poder querer y que el agua limpie un miedo y una vocación.
ResponderEliminarfrenético efecto narcótico de esas aguas gris verdosas...
EliminarDulce camino repentino, única sinceridad del ser humano, hacia el horizonte. Sea éste abismo, circunferencia, elipse, parábola, ocho a cuestas de infinito. Quiénes hacen los caminos, cuáles son sus niveles de conciencia, a dónde van sus inconclusos pasos. No hay nuevos días, y la vida es la ironía del retorno.
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