Este espacio es solo mío
Es mio, tanto como lo es mi andar solitario sobre el polvo o el fango, el cemento o el asfalto, en el campo o la ciudad. Bajo el sol ardiente de los Andes he visto luces y sombras indiferentes al tedio que siento cuando la voluntad es dominada por la conciencia del sin sentido de vivir.
Suelo andar cavilando, casi rumiando, la causa de la ausencia de los amores idos. Sentir pena y desesperanza de que nada cambiará en mi. Creo que repetiré los mismos errores, viviré los mismos desencuentros, injuriaré, fallaré. Solo cambiará un rostro, un cuerpo, una forma de interpretarme. Por eso me gusta caminar entre la niebla de los bosques altos pues me acuerda de la vida sin porvenir.
También es solo mio mi regreso a casa de noche, con o sin luna, cuando mi caminar es más ligero, porque es en la noche cuando más me descargo de cualquier yo paradigmático, cualquier ideal de mi, me libero de la fantasía del amor propio. A veces camino con ceguera blanca después de leer los mensajes de una mujer ilusa. He caminado de vuelta en noches tan oscuras que acogí como única opción dormir a la vera.
Son estos pasos, estás distancias recorridas, repetidas, amargas y mías, los que alguna vez quise compartir contigo. También te invité a habitar mi morada y acompañarnos en la soledad, el frío y el silencio. Esto mío que te ofrecí no representa para nadie poder, prestigio personal o dinero. Tampoco soy una persona que sepa agradar, detesto alimentar vanidades, ser un proveedor de halagos.
Es más que obvio que por estas razones y muchas más, estos espacios sean solo míos.
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