Tiempo fue

 Llevo varios días pensando, haciendo esfuerzos por recordar, socavando, rasguñando la tierra de mi memoria para encontrar el filón de un recuerdo que, aunque se que está ahí, no logro descubrirlo. La necesidad surgió mientras esperaba alelado en la orilla sur de la pileta del porvenir, y cayó como una avalancha contenida de largos periodos de taponamiento. Fue hace 20 años, un año o dos o tres más en el que tomé la decisión consciente de entregarme al consumo empedernido del alcohol y disfrutar y padecer sus efectos. La decisión inconsciente ya la había tomado a los cinco años cuando tomaba la cerveza que mi tía le robaba a mi padre, y me la servía como quien sirve una agua de panela en una taza cerámica, y me encantó tanto lo que sentí que jamás dejé de pensar en ello. Me fascina el espíritu del alcohol, ha sido el gran amor de mi vida, no sé porqué fracasamos. 

Piscina de Bucaramanga. No la del porvenir.


Salen a flote asuntos que bordean lo que quiero recordar y los salvo del naufragio del olvido. Aquella época creo haber asumido de cierta forma la derrota, mas no sé si me vencía el primer amor a una mujer o la renuncia a los sueños infantiles de ser un campeón. La derrota por el amor y por el desamor se parecen en el grado de vulnerabilidad en que nos deja.

"Conformate con las huellas que no se alcanzaron a borrar" -Me dijo vehemente "L" - "y si es que tanto te gusta regodearte en  recuerdos tristes no sigas andando como un zorro que camina por la arena, que quizá cuando estés más viejo querás ensoñar el fango del fondo del que te vi salir"

Y es que para mí, aunque no es insignificante, no alcanza a explicar este gran bache el hecho que mi madre y yo saliéramos disparados de la casa esa madrugada a dónde un médico pues se me dificultaba respirar y tenía la panza totalmente revuelta, que fui infiltrado con no sé que drogas para que pudiera resistir el viaje, que en el equipo de la selección se levantaran rumores a vivas voces que los deportistas más insignes se estaban dopando, que mis resultados deportivos fueran mas desastrosos que mediocres y que en las tardes me escondiera con mi amigo a beber cerveza. 

Acá tomé cerveza al escondido con mi amigo. 

Sin embargo lo realmente significativo fue una profunda emoción, leve y subrepticia que determinaría mi vida para siempre y que tan sólo ahora hace intentos por ser nombrada. Le conté a "S" lo que me pasaba y me dijo que quizá era ver en mi hundirse el campeón que quería ser de niño, pero, a hoy que escribo esto, me niego a pensar que fue eso, siento que fue algo más, una cosa sola. 

En este viaje trato de recordar la primera vez que fui a nadar a Bucaramanga y lo que sentí. 

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Muy de madrugada llego al punto donde nos recogerán los buses y lo  primero que siento es algo muy normal en mi, algo que siento siempre cuando llego a un grupo de personas, una sensación molesta, el sentir no pertenecer, no querer tener nada con nadie, sentirme incómodo, fastidiado con el otro. Las ideas de integrarme y convivir que tuve durante todas las semanas previas se desvanecen, tengo resentimiento hacia todos. Con el tiempo eso fue cambiando, veo cierta bondad en las miradas, el mismo sentimiento de estar perdidos, evitando a toda costa un común naufragio. 


La primera mañana salgo a caminar a buscar un café. Encuentro un lugar con nombre de café, carta de café y disposición de café pero sin café. Me sirven una soda, decepcionado, con un sabor rosado y dulce en la boca, regreso al hotel. Veo una ciudad como cualquier otra, y es que en última, el encanto de la ciudad reside en ser habitante de ella, darle nombre e historia propia a los lugares comunes. Asociar esas palabras con otro ser hablante, por ejemplo, cuando voy por una esquina de algún barrio de Medellín unas paredes me susurran amor (el tuyo) y otras me susurran muerte (la mía).

Aparecen ante mi personas que se que conozco pero que jamás he visto, seres con cara extraña y cuerpo familiar. Pasillos que se vuelven ríos, paseos a pie sobre una lancha en la mitad de un mar café. Hay un intento de escarnio, el suyo, el mío, el resto del mundo a mi alrededor, todos somos escarmentados. Soy una adolescente negra que ha faltado a las costumbres de su familia, he atentado contra la moral de mis antepasados, mi doble, que soy yo, me juzga severamente, pero se que solo estoy bromeando. En el sueño un analista trata de explicarme el sueño, le digo que yo soy el que lo explico, que no le incumbe, lo enredo con banalidades y exageraciones, despierto, ya no recuerdo. 

Vista del hotel en la madrugada 

La mañana suena más tranquila que la que uno esperaría en el centro de otra ciudad. Las putas no gritan, no hay borrachos, los carros pasan sin tocar la bocina. No sé dónde estoy, aún sabiendo..

Yo suelo hablar poco y cuando hablo hablo demasiado. Siempre termino pensando que estuve exagerando, comentando imprudencias, estando fuera de tino. Por eso, si lees esta pequeña reflexión, tendrás la certeza que  pasaron por mi mente cada una de estas letras en el estricto sentido de la verdad. Yo engaño, en eso no te miento. 

La noche agoniza y veo fantasmas, hace tiempo que distingo mi división y observo cada una de mis partes, se que hay algunas faltantes que no emergen en la memoria ni como imagen ni como palabra. Es más, voy a las sombras, me hundo en ellas, tanteo en las proyecciones de un fuego que se extingue y no veo nada. "E" ronca, creo que se despertó porque las sábanas se mueven bruscamente, espero un protesta, - "eh vos pareces un búho huevón"- nada, se suman a los ronquidos, en una bella sinfonía, los pedos y los suspiros. Qué placentero es dormir, ojalá así fuera la muerte. Para mí el mañana dejó de ser ilusión, y ese ayer se desvincula poco a poco con el ahora. Muero, es lo real. No voy a beber, pase lo que pase, suceda que sucedan las mil y una razones por las que he entrado en esa angustiosa locura de apurar un trago y otro y otro, pienso en "F" cuando me dijo: "bienvenido al mundo del sentir".

Parque de los niños 


Ahora comprendo lo imposible de ubicar ese recuerdo, pues no pertenece a ningún lugar. Y es que, aunque tengo la certeza de haberlo visto, si lo ví no lo ví, si lo oí no lo oí. Tal vez me dijo: no me olvides, seguime buscando. Y busqué en una botella y en millares más, y ¿qué encontré? La botella siempre estuvo vacía. 

Me acuesto temprano, me despierto en las horas más oscuras de la noche, fumo varios cigarros, hago de la soledad mi trinchera y poco a poco en las largas horas de insomnio me doy cuenta que esa soledad ya ha inundando todos mis espacios

Gozoso de mi pena, con cierto pasmo de querer encajar y agradar, decido pasar el día con la ciudad y conmigo. Nada promete algo nuevo, la idea de encontrarme con otro ser humano se esfumó anoche cuando, en el jolgorio, mis compañeros y compañeras fueron cortejando  vasos y  besos, acordando  encuentros furtivos bajo las sábanas de una cama de hotel y lo que me resultó curioso,  para mí que estoy enfermo, es que ninguno parecía reventar ni de amor ni de borrachera. Nah, yo no soy como ellos, tal vez fue en ese viaje a Bucaramanga que me di cuenta de eso, que me tomé en serio el codazo en el costado que me anuncio que no pertenecía ni a ellos, ni al acá , ni al ahora, ni al tiempo como sustancia real. Yo he reventado tantas veces, de tantas  formas inadecuadas, que ya no soy yo ni me parezco. Qué  se que estoy solo hijueputa!!! no sé amar, nadie me ha amado realmente, ni fraternal, ni eróticamente. 


Vista del piso cuatro de la plaza de mercado 


¿Qué hago con y en el tiempo ahora que se que la botella está vacía? Nada. Habitar el vacío. Comprender que ahí está ese puto hueco, que el abismo escurrió el alcohol y que ya nada lo llena. 

Voy a un grupo de AA y comparto: "soy Pablo p soy alcohólico, estoy acá de visita pues soy de otra ciudad, asisto a dónde ustedes por necesidad de información y por ayuda para evitar el primer trago de licor. Mi concepción de Dios es limitada y por el momento es él quien me impide irme a beber, estoy resentido, deprimido, para mí no existe la tal nube rosa de los primeros meses de sobriedad, me tienen sin cuidado los defectos de carácter porque yo no sé si tengo defectos, ya se habrán dado cuenta que soy arrogante, yo lo que necesito es no beber, gracias por tener las puertas abiertas del grupo, con esto les comparto 24 horas y al día de hoy no he bebido" aplauden tímidamente pues esa es la modalidad del grupo, me siento en la última fila, fumo un cigarrillo, me creo un farsante. 


Llego al hotel y en el lobby me encuentro con "M" y sus amigos. La estuve evadiendo todo ese día. "C" me acababa de dar, otra vez, una lección virtual por mensajes de texto de sinceridad o de cinismo, no sé... Yo no soy para ella lo que ella es para mí. "M" me sonríe, me marca una mirada con esos ojos negros, se en bizca y ríe, somos los adolescentes que nos vimos hace un par de décadas, no hemos abandonado las antiguas formas, sonrío, suspiro y apenado miro al suelo. Me invita a comer, y luego a un bar de rock. Pienso de nuevo: sea lo que sea, pase lo que pase, suceda lo que suceda, hoy no voy a beber. 

En el camino al bar intento explicarle y me interrumpe "¿usted no puede parar de beber, cierto?" Le digo que si. Pedimos unas sodas y hablamos hasta la media noche del amor, de la amistad, del traslado a Antioquia, de Cúcuta, de Medellín, de los perros, de los pollos, de sus hijos, de su matrimonio, de mi separación, de que nunca nos imaginamos en estas. Jamás abandonamos las antiguas formas, quedaron guardadas por más de 20 años. No podemos parar de sonreír. 


Una imagen vino al recuerdo en el viaje de regreso, una fotografía con mi amigo en el regreso de aquella vez. Ambos estábamos contentos, ilusionados, parecíamos enamorados, que íbamos a saber que nos había encantado el veneno, trato de conservar el recuerdo pero se va yendo poco a poco, miro a mi lado y "M" duerme apasible, la observo un rato hasta que me entra el temor de que la despierte el sentirse observada. Es hermosa, pienso. Cierro los ojos y duermo hasta la llegada.


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